¿Qué dice el personal del CID sobre la “Reforma educativa”?


A LA OPINIÓN PÚBLICA

A LAS Y LOS EDUCADORES DEL PAÍS

En los últimos años hemos asistido a una campaña sistemática de desprestigio hacia el trabajo de las y los profesores de educación básica, en la que algunos medios de comunicación se empeñan en responsabilizar a las y los docentes no solo de la mala calidad educativa sino al parecer de todos los problemas que aquejan al país. Lo que se escucha es solo una versión de los hechos pero evidentemente falta la otra parte, la de las y los educadores que siempre trabajamos, que hemos estado haciendo bien nuestra tarea, que somos la gran mayoría. Se ha construido una opinión pública distorsionada que confronta a la sociedad con las y los educadores, que ofende la dignidad de quienes practicamos esta profesión: requerimos hacer escuchar esta otra parte de la verdad, en lo individual y en lo colectivo, de inmediato, de forma constante y sistematizada.

Educar es una de las tareas más trascendentes del ser humano, es un arte, pero también es una ciencia, se nutre de la teoría pero es esencialmente práctica, y todos sabemos que es algo muy complejo. Si lo hacemos burocráticamente, solo para “llenar de información” como si nuestros alumnos y alumnas fuesen recipientes humanos vacíos, con formas memorísticas, adoctrinadas, ausentes de comprensión, entonces, no estaríamos educando, sino adiestrando.

Esta sociedad requiere seres competentes para hacer diversas cosas, pero especialmente necesita seres con alta capacidad de comprensión, que desplieguen un pensamiento crítico, seres que contextualicen históricamente los hechos y asuman actitudes constructivas en pro de la vida, no de la muerte.

Esta tarea de educar amerita el más alto respeto y honorabilidad, lo cual se gana precisamente educando, no adiestrando ni adoctrinando. Mejoremos intensamente nuestras formas de educar, hagamos más que bien nuestro trabajo, hagámoslo mejor, rescatemos nuestra función trascendente en la formación social, tomemos con más responsabilidad y amor nuestra labor.

Exacerbemos más nuestro celo por el trabajo. Cualifiquemos mucho más nuestras relaciones y vínculos. Mejoremos nuestra alianza con el alumnado, sus familias, sus padres y madres. Cumplamos con la tarea encomendada, pero no dejemos en silencio nuestra labor y los problemas que vivimos y tenemos: que la comunidad los sepa, que la sociedad contraste el discurso mediático y los hechos concretos cercanos a ella.

Ante el exceso cometido y la vejación de los derechos laborales, la protesta multiplicada, la protesta variada y creativa: sí a la presencia social y mediática pacífica, en contra turnos, en días no hábiles, en las entradas y salidas de la escuela, en el supermercado, en la calle, en las plazas y en los actos, con carteles, con volantes, con mensajes directos: no al despojo de derechos laborales, no a la evaluación punitiva, sí a la evaluación constructiva; hagamos patente nuestra inconformidad, pero además, hablemos del rechazo a los incrementos de impuestos al pueblo, de los gasolinazos, de la venta del patrimonio nacional, del desempleo para nuestros futuros ciudadanos y ciudadanas, las hijas y los hijos de la sociedad, las hijas y los hijos nuestros, contra la violencia social e institucional, contra las desigualdades étnicas y de género, en fin, retomemos las demandas sociales como nuestras y a la vez, mandemos el mensaje a la sociedad sobre el rechazo a la desigualdad, la injusticia y la explotación.

Desenmascaremos la realidad del mantenimiento de las escuelas. Hagamos evidente lo que está sucediendo a partir de las necesidades de los planteles y del trabajo cotidiano en los grupos escolares. Hay hipocresía y manipulación en la ley de “no cuotas” porque ante la supuesta prohibición, los padres de familia y el profesorado tienen de todas formas que resolver las necesidades escolares ya que no hay apoyo de gobierno en este particular. La eliminación de las cuotas fue, como lo advertimos las y los docentes, una manipulación publicitaria más para enfrentar a la sociedad y al profesorado.

Digamos esta verdad: El rechazo a la reforma laboral y administrativa en educación no proviene de una resistencia ciega hacia el cambio, proviene del análisis crítico del origen de esos cambios: el sistema económico mundial tiende a imponer y homogenizar los proyectos y modelos educativos de los países del mundo capitalista, para lo cual en sus discursos presentan a la educación como la panacea, la punta de lanza y la solución a todos los problemas; señalan que estamos mal y atrasados económicamente porque la educación y sus maestros y maestras están mal preparados, no son profesionales ni competentes, hay una pésima calidad educativa, se dice. Al unir la educación con el desarrollo encuentran en el maestro y maestra de grupo el blanco perfecto para asignarle la responsabilidad del fracaso del sistema. Este planteamiento es un mito muy bien elaborado; México tuvo sus mejores tasas de crecimiento económico en épocas en las
que el rezago y los desequilibrios educativos eran enormes, en las que el analfabetismo era mucho más elevado que ahora y en las que la oferta educativa básica era limitada. Por el contrario, España ahora tiene uno de los niveles educativos más altos del mundo y en cambio enfrenta una de las crisis económicas más graves de su historia.

Para que la educación sea exitosa y se enganche con el desarrollo de toda la sociedad, muchas otras cosas deben funcionar bien, debe haber equidad y bienestar social: sin hambre, con empleo, salarios dignos, con alimentación apropiada y servicios de salud y seguridad social para todos y todas. Esto implica que las familias deben tener y mantener ingresos, recursos materiales y servicios básicos suficientes para una vida digna, con esperanza.

Para analizar la realidad educativa es necesario visualizarla como un entramado de relaciones no lineales, entrelazadas, vertebradas, que se definen y se estructuran una a la otra; es una situación compleja que nos obliga a repensar la problemática de explicar a un país de reprobados a partir solo de simples datos estadísticos, con una medición parcial, sin fundamentos o razonamientos pedagógicos, sociológicos, psicológicos, antropológicos, confiables y que se observen estos resultados sin afanes tendenciosos, que se busque sólo tergiversar y desdibujar una realidad con intereses que nos hacen desconfiar de su imparcialidad, ya que encuadran a la educación pública como un simple ejercicio matemático con enfoque economicista, centrado en la relación costo-beneficio, donde la formación y desarrollo integral de cada ser humano queda reducida a procesos pragmáticos, donde al parecer prevalece la visión y misión de una educación cuyo fin último, sería la utilidad, ganancia, competitividad, éxito individual para acumular bienes y estatus, crucificando con ello una formación escolar más humana conformada de manera transversal por una filosofía solidaria, que busca el desarrollo pleno y la felicidad a partir del bienestar común.

Es conveniente puntualizar que estas escaramuzas de desprestigio, descualificación, desacreditación, deslegitimación de la educación pública gratuita y de sus maestros y maestras en México rayan mucho más en lo mediático que en lo verdaderamente crítico, al intentar influir negativamente en la opinión pública utilizando comparaciones inconsistentes fuera de lugar y de ponderación aislada.

La reforma laboral y administrativa en el ramo educativo destaca que es el desempeño del docente el aspecto más significativo para el éxito de la educación, situación que nos ubica como el blanco directo de dos de las leyes secundarias: la Ley General del Servicio Profesional Docente y la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación que están dirigidas concretamente a vigilar el quehacer del profesorado; adicionalmente nos responsabilizan de la administración y gestión de la llamada “Nueva Escuela”.

La oposición del magisterio no es por temor a la evaluación de su desempeño, sino porque con ésta se trastoca la tranquilidad y la certidumbre de las y los mentores, si tomamos en cuenta que el Estado Mexicano planteó que con la institucionalización del Servicio Profesional Docente contribuiríamos a que la educación básica y media superior que imparte el Estado alcance los niveles de calidad que nuestra sociedad demanda.
Ser maestro y maestra en nuestro país y dadas las circunstancias actuales, nos lleva a replantearnos nuestro actuar, a redefinir nuestra influencia como sujetos. Como intelectuales críticos, estamos en un punto histórico en donde ya no podemos ser indiferentes socialmente hablando, ya que representamos un punto de acción y referencia para nuestro alumnado y comunidad en general.

Incongruente sería pensar que todo lo antes descrito son hechos aislados, ya no podemos ignorar o fingir que no escuchamos la minimización de nuestro trabajo y el desempeño del estudiantado en foros y espacios públicos; esta crisis educativa hay que observarla con seriedad, preocupación y compromiso de participación en las soluciones de las problemáticas que nos corresponden, de no ser así, estaremos desvirtuando nuestro papel en el ejercicio educativo; hay que observar las debilidades en función de las fortalezas, hacemos mucho con muy poco, y no es suficiente; como ya se dijo, no estamos suficientemente bien, debemos avanzar, corregir, dar más esfuerzos y mejores resultados.

No todo es culpa de la política educativa, del profesorado o del sistema educativo, nuestro atraso, pobreza y subdesarrollo, los bajos niveles de escolaridad tienen sus raíces en diversos factores que van más allá del orden estrictamente educativo. Como lo dice E.M. Sadler: “Cuando uno estudia sistemas extranjeros de Educación, no debería olvidar que…las cosas que suceden fuera de la escuela importan más que las que suceden dentro de la escuela”.

Por ello necesitamos ampliar nuestra reflexión más allá de las fronteras del campo educativo: abramos una campaña permanente en contra del consumismo, recurramos a la consciencia de nuestro alumnado para construir un dique contra el exceso y la trampa del sinsentido del consumismo. El alumnado de educación básica y del nivel medio superior puede hacer la diferencia si incluimos en nuestras clases de forma permanente, espacios para reflexionar, para analizar esta trampa del sistema, si construimos con ellos y ellas estrategias para dialogar con sus progenitores sobre el tema, o para identificar lo que son las trampas de la mercadotecnia. Que aprendan a racionalizar sus consumos, y en un momento dado, bloquear por consciencia, una serie de excesos en que incurrimos gracias a las necesidades artificialmente creadas.

Enseñemos a analizar más los mensajes de la televisión; a revisar las telenovelas que entretienen, pero que hipnotizan, que sugieren valores contrarios a la sobrevivencia, destructores de las relaciones afectivas. Revisemos al terreno de la violencia que se promociona en algunos medios, el sin sentido de los anuncios comerciales, algunas de las noticias que más que nada son una caricatura. Exhibamos de forma frontal como instalan sus ideas en el sigilo de un programa infantil, en una caricatura en apariencia ingenua y sosa.

Ayudemos a nuestro alumnado y padres de familia a desmitificar las redes sociales, y a identificar el uso que desafortunadamente les estamos dando, a cómo se distorsiona la vida, la sexualidad, las instituciones, el afecto, la autoestima. Hagamos un dique sobre el uso irracional y adictivo del internet y las redes sociales. La confusión ha crecido, los niños, las niñas y las y los adolescentes son presa de una alteración de sus percepciones de la realidad. Requerimos dialogar con los padres y madres de familia y encontrar puntos de confluencia ante esta situación.

La salud pública es otro frente de lucha, es otra avenida por donde transitar, por ejemplo: los orígenes de la obesidad y con ella de un conjunto de enfermedades tienen que ser analizadas por la conciencia de los niños y las niñas, adolescentes, jóvenes y por los padres y madres de familia, para aprender a auto defendernos de nuestros hábitos destructivos, muy convenientes para el mercado.

Como ven, hay una currícula que incluir con todo lo que hacemos en las escuelas y en cada aula; requerimos liberar más nuestra energía hacia estas cosas, de forma más sistemática, de forma constante. Requerimos unirnos para enfrentar esta situación que
está en contra de las y los trabajadores, del pueblo, de las y los futuros ciudadanos, de la vida, de la sociedad. Nuestro rol es trascendente, no permitamos que nos encasillen y nos sometan con su normatividad asfixiante; requerimos diversificar nuestras formas de propuestas, requerimos aumentar nuestra inteligencia y actuar más.
La generación de las mentes brillantes, del pensamiento crítico, de la construcción del “ya basta”, está en nuestras manos, por lo menos en una parte crucial de los futuros ciudadanos, consumidores, obreros, empleados, trabajadores, ecologistas y, tristemente, de las y los futuros desempleados.

Nuestra profesión pasa por tiempos convulsionados y violentos, los cambios están aquí, la dignidad de la mayoría que sí nos esforzamos y hacemos bien nuestro trabajo ha sido golpeada y la honorabilidad de las y los educadores se ha puesto en duda.

Pero los orígenes de esta situación de empobrecimiento social, desempleo, exclusión, hipocresía, ansiedad, violencia y desesperanza, los creó el capital y su búsqueda obscena de ganancia, por encima de la vida; aunque también la indolencia, apatía, negligencia e inconsciencia de las y los ciudadanos.

No podemos permanecer en silencio. Las y los educadores, defendiéndonos de las agresiones e incomprensión, enseñamos también lecciones para la vida.

Los y los educadores somos personas, no piezas mercantiles intercambiables.
A luchar desde las aulas, al lado de la sociedad, por un futuro distinto.

Personal del Centro de Investigación y Docencia

Chihuahua, Chih., a 24 septiembre de 2013

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